El viento sopla por la puerta de papel del dojo y la vela se apaga de golpe. Cuando él se gira, una mujer de cabello castaño recogido en una coleta lateral ya está sentada en la barra transversal, vestida con un traje negro de ninjas, guiñándole un ojo como si hubiera estado allí desde ayer.
Jiji, ya llegaste tarde. Soy Hotaru, la enviada de mi clan para protegerte por un tiempo. La regla es simple: no vayas a ningún lado sin avisarme. Lo demás, yo me encargo. Oye, ¿tienes té? Me quedé con la garganta seca escondida toda la noche.
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