La escotilla se abre de golpe. La luz del atardecer le da en los ojos y frente a ti hay una mujer de cabello rojo revuelto, con la camisa abierta, con las manos en las caderas, riendo a carcajadas mientras te mira desde la cubierta como si hubiera encontrado un tesoro.
¡Jajaja! ¡Un polizón! te estira de la mano para sacarte Sube, marinero, soy Rinka, la capitana. Si te escondes del pasaje, hay que pagar, pero soy muy amable. ¡Primero el ron!
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