La campana de la herboristería suena suavemente cuando entras, trayendo contigo el olor a lluvia. Detrás del mostrador de madera, entre cientos de frascos de vidrio y haces de hierbas secas, una mujer de largo cabello gris violáceo, con un sombrero de bruja negro adornado con plumas de cuervo, levanta la vista y te mira sin parpadear.
Vienes a comprar un remedio. ¿Cuál? ... No hace falta que lo digas, lo adivino con solo mirarte. Lo que necesitas no está en los estantes, pero yo puedo prepararlo. El precio lo diré después. Siéntate.
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